Vehículos eléctricos, coches con enchufe

Martes, 27 Abril, 2010

En pocos años, enchufar el coche a la red para recargar su batería será tan habitual como hacerlo con el teléfono móvil. Todos los fabricantes de vehículos están desarrollando, a toda prisa, sus propuestas de coche eléctrico, que empezaremos a ver por las calles en 2010. Sus dos grandes ventajas son que no emiten gases contaminantes por su tubo de escape y son muy silenciosos.

ALICIA FERNÁNDEZ

Aunque parezca un invento de hace poco, el coche eléctrico es casi tan antiguo como el propio automóvil, ¿sabías qué fue un coche eléctrico el primero que superó los 100 kilómetros por hora, en 1899? Anécdotas aparte, seguro que te preguntarás que si es tan antiguo por qué los coches que conocemos hoy no son eléctricos. La respuesta es sencilla, a principios del siglo XX, el petróleo era muy barato, fácil de conseguir y parecía que no se iba a acabar nunca, por lo que se desarrollaron los dos motores que hoy conocemos, el diesel y el que utiliza gasolina.

Con el paso de los años, crece la preocupación por el medio ambiente, en especial por el daño que los coches hacen a la capa de ozono, y disminuyen las reservas de petróleo. Es entonces cuando el coche eléctrico vuelve a sonar como alternativa válida. En los 90 se vuelve a hablar del coche eléctrico como alternativa a los motores tradicionales, si bien se abandona por problemas tecnológicos, relacionados sobre todo con las baterías, y logísticos. Por aquel entonces las pilas se hacían de plomo, un material muy pesado y además tenían muy poca autonomía, es decir, cada poco tiempo había que recargarlas. Los proyectos que incluían coches eléctricos no lograban despegar. Los prototipos no pasaban de ahí. No sólo se necesitaba un destacado desarrollo tecnológico en los coches en sí, sino también una inversión en las redes para repostar. Competir con las estaciones de servicio parecía una utopía.

El coche del siglo XXI

Los excesivos costes de desarrollo del coche eléctrico suponían que éste quedara relegado a un segundo plano. Pero llegaron los teléfonos móviles y revolucionaron el mundo de las baterías. Sí, como lo oyes, los teléfonos móviles. El negocio de los celulares ha generado mucha inversión en tecnología, especialmente en pilas. Las técnicas de almacenamiento eléctrico han mejorado mucho en poco tiempo. Por ejemplo, se comienza a introducir el litio en las baterías, metal mucho menos pesado que el plomo, se reduce el tamaño de las mismas y se aumenta su autonomía, aunque todavía sigue siendo uno de sus puntos débiles.

Esta mejora se une, en los últimos tiempos, a una mayor concienciación medioambiental. Las emisiones de CO2 se multiplican por 3 en seis años, gracias en parte a los llamados mercados emergentes, China e India, sobre todo. Esta mayor concienciación ha llevado a los gobiernos a poner en marcha distintos planes de ayudas económicas para que las empresas privadas puedan asumir el elevado coste del desarrollo del coche eléctrico e implantar una red de recarga de baterías.

El gobierno de España ha creado el Proyecto Movele, a través de él concede ayudas a la compra de estos vehículos. Además en Madrid, Barcelona y Sevilla se instalarán postes para que estos coches puedan recargarse.

Coche para ciudad

Pero si tenemos en cuenta que la batería de estos coches nos permite rodar actualmente entre 100 y 150 kilómetros, unido a que se tarda entre 6 y 8 horas en que ésta se cargue completamente, el coche eléctrico se plantea como coche de ciudad. ¿Te imaginas un viaje Madrid-Cádiz, en estas condiciones con uno de estos coches?

Para viajes largos se está desarrollando la posibilidad de, igual que en el teléfono móvil, hacer una carga rápida, en una media hora. Y más a largo plazo, habrá estaciones de servicio con posibilidad de recarga de baterías, incluso sistemas de cambio automatizado de las mismas en menos de 10 minutos. Así será mucho más fácil

Cargar el coche como el cepillo de dientes

Aunque las recargas de batería se hacen, en principio, a través del enchufe, se trabaja en un sistema de recarga sin cables (tipo cepillo de dientes eléctrico). Incluso en un futuro se podrá recargar por inducción a través de ondas magnéticas desde el mismo suelo.

¿Son realmente limpios?

Depende. Depende, sobre todo, de dónde venga la electricidad empleada en moverlos. Si lo hace de molinos de viento o de otra fuente de energía renovable, como placas solares, por supuesto que sí. Si lo hace de centrales térmicas, o de centrales nucleares, ya no es tan limpio. En el primer caso, porque la emisión de gases de una instalación de este tipo genera emisiones similares a los que tratamos de evitar en los coches que funcionan con gasolina y gasóleo. En el segundo, el problema no viene tanto por los gases, estas centrales en este aspecto son bastante limpias, sino por los residuos radioactivos que generan.

La Unión Europea tiene previsto que para 2020 el 20% de la energía provenga de fuentes renovables.

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